Lo admito. Soy profundamente estacional. Amo las primaveras con polen, veranos de calor a 40 celsius, otoños donde las hojas caen y claro, inviernos muy nevados.
Desafortunadamente en la latitud donde es mi actual casa no existe nada de eso. Las primaveras son en extremo calurosas, en invierno no cae ni aguanieve, el otoño es ambivalente y mis veranos pasan por lluvias torrenciales.
Esto me deja en un estado mental a menudo desastroso. Es claro, las estaciones del año reflejan sentimientos de la Naturaleza y ciclos en un periodo de tiempo. En mí, simplemente al estar aquí lidiando con 40 celsius en abril o con lluvias londinenses en pleno agosto, me confunde en mi cuerpo, en mi mente, en mis sentimientos y en espíritu.
Es raro escuchar un éxito del OK Computer en pleno verano, o bailar a todo cuerpo en marzo. Me es difícil, muy complicado con un frío apenas con aire adhoc a un mes de enero, sin nieve, sin trineos y sin esquiar cuesta arriba.
Es complicado reflexionar en otoño sin caída de hojas y sin tonos amarillentos en los parques de la ciudad. Es traumático querer probar una nieve de excentric maracuya cuando a las 4 de la tarde oscurece como si fuera noviembre, pero en pleno julio.
No puedo adaptarme a ello. Sólo me queda observar detalles, (maldita sea, esa palabra de nuevo). Observo que existe un espacio de 30 metros donde las estaciones si se dan.
Cuando era niño teníamos un fresno en el jardín de aquella casa, todos los árboles se burlaban de él, porque en octubre comenzaba a deshojarse y en diciembre quedaban sólo ramas inertes, ¡Ah! como cualquier bosque sueco promedio.
La primavera nos alcanzaba y ese viejo amigo, ese fresno, florecía y era más verde que todos los árboles juntos. Lo lograba en latitudes más nobles. Tiempo después nos mudamos y la familia se llevó el fresno a esta ciudad, sólo vivió 3 ciclos, las poco definidas estaciones de esta latitud lo agobiaron.
Me siento como aquel fresno, sacado de mi sitio para estar en esta latitud de incongruencia, de indefinición, de otoños sin hojas que caen y veranos lluviosos. Salgo a la acera y descubro 30 metros de certeza, es lo que separa a dos nuevos fresnos.
Llevo dos años observándoles, uno paralelo a otro, 30 metros les separan. En octubre si caen las hojas en ese espacio, en verano estan a pleno a calor, en primavera florecen.
¿Cómo en un sitio tan despiadado, tan de pocas definiciones, suceden cosas tan increíbles como la vida de estos dos fresnos? Estos dos seres se vuelven ejemplo. Para recordar que existe la forma de llevar no nadamáas las estaciones a buen puerto, sino tambien de que nada detiene a una buena intención y a las reflexiones auténticas...
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